miércoles, 26 de septiembre de 2012

Alma herida

¡Ay, pobre del alma herida,
con mil reveses sufridos!
Alma rota y desgarrada
por caprichos del destino
que te golpea y azota
sumiéndote en un martirio.

Te miras en un espejo
y no ves más que delirios,
sin saber que lo que importa
no es lo que refleje el vidrio,
sino lo que ven realmente
el resto de tus amigos.

Y aquí tienes al primero,
que estará siempre contigo,
y te dirá lo que piensa
aunque le cueste un castigo,
porque cree que no hay halago
que no te hayas merecido.

Tienes un corazón enorme
que da en cada latido
un chorro bien fuerte
de amistad y de cariño.
Son tus mejores abrazos
para la gente un alivio,
que cuando sufren y lloran
en tus brazos hallan abrigo.

De tu exterior ni hablamos,
que no debe ser motivo
de angustias ni desvelos,
pero te diré sin remilgos
que al perderme en tu mirada
pierdo todo el sentido.

Por todo ello aquí estaré,
contigo todo el camino,
por la más alta montaña
o por la ribera del río.
Desde la aurora al ocaso,
haga calor o haga frío,
porque tú te lo mereces
aunque no me hayas creído.

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